martes 25 de marzo de 2008

Apuntes sobre el PSOE en la II República española (VII)

13ª. Declaración de Francisco Largo Caballero ante el juez, el 15 de octubre de 1934: “Al día siguiente de ingresar Largo Caballero en la cárcel de Madrid, el juez militar, acompañado del fiscal, le sometió a un interrogatorio. ¿Es usted el Jefe del movimiento? Contesto negativamente. Así cumplía el acuerdo adoptado en la reunión conjunta de las dos ejecutivas; además, dijo la verdad, pues él no tenía derecho a arrogarse el título de Jefe del movimiento, pues que nadie le había designado para tal cargo, y además, así libraba al Partido Socialista y a la Unión General de Trabajadores de España de la responsabilidad que no quisieron contraer en interés de la clase trabajadora. No hay que olvidar que Largo Caballero era el presidente del Partido y el secretario de UGT, y si se declaraba, por un rasgo de romanticismo, Jefe, nadie podría creer que dichas organizaciones hubieran quedado al margen, y de ahí se habría derivado las graves consecuencias naturales. La segunda pregunta fue: ¿Pero usted no conocía la organización del movimiento? La contestación también fue negativa. Si hubiera dicho que sí, tendría que haber expuesto detalles de la organización; pero como esto no lo habría de hacer por nada ni por nadie, contestar afirmativamente hubiera sido estúpido. Otra pregunta: ¿Cómo cree usted que se ha producido el movimiento? Espontáneamente, contesto, como protesta contra la política que se sigue en la República. ¿Y las armas, cómo se han obtenido? Sin duda, serán las que no se usaron en la revolución de diciembre del año 30 para la proclamación de la República. ¿Está usted conforme con el movimiento? No me considero obligado a contestar esa pregunta, dijo Largo Caballero; yo respondo de mis actos, pero no admito que se quieran juzgar mis pensamientos. Así, poco más o menos, se verificaron todas las declaraciones. Le quedó tranquilidad de conciencia porque de ninguna indiscreción suya se ha podido molestar a ninguna persona. Además, se puede afirmar que en ningún caso le interrogaron sobre algún detalle concreto de la organización del movimiento, lo cual prueba claramente que no descubrieron ninguno; se puede asegurar que, dentro de lo posible, la organización se hizo con las mayores garantías del secreto.
Le defendió el jurista compañero Jiménez de Asúa; Largo Caballero se limitó a cumplir las instrucciones de su abogado defensor y salió absuelto. ¿Para qué? ¿Para marcharse a su casa a descansar? No; para continuar luchando”. Francisco Largo Caballero. Notas históricas de la guerra en España. pp. 225 y 226.